La primera presencia humana en la cornisa cantábrica data de hace 200.000 años (Paleolítico). Aquel Homo Erectus, asentado durante un período interglaciar, se organizaba en clanes seminómadas dedicados a la caza y la recolección, y fabrica bifaces. Durante la glaciación de Würm el Neanderthal ocupa las cuevas y desarrolla una importante industria lítica (puntas, raederas, raspadores, denticulados) que será llevada a su cenit por el Homo Sapiens durante el Paleolítico Superior (azagayas, bastones de mando).
El arte que desarrolló aquel hombre de las cavernas, rupestre y mobiliar, se encuentra a lo largo de una extensa nómina de cuevas cántabras (Altamira, El Castillo, La Pasiega, Las Monedas, Covalanas, Hornos de la Peña, El Pendo). Practicaban grabado, pintura y ciertos atisbos de escultura, representando sus presas de caza (ciervo, caballo, bisonte, reno), motivos geométricos y simbólicos, pero rara vez la figura humana y nunca sus enemigos depredadores.
La revolución neolítica –aparición de sociedades productoras-, iniciada en el Mediterráneo, llega al Cantábrico con un importante desfase cronológico, convirtiéndolo en una región marginal en la que durante mucho tiempo coexistirán sociedades cazadoras-recolectoras y productoras (agrícolas-ganaderas). Culturalmente destaca el megalitismo, vinculado a la ganadería trashumante.
Bastón de mando perforado adornado con el grabado de un ciervo hallado en la Cueva de El Castillo.
Para saber mas: pdf |
No hay comentarios:
Publicar un comentario